Cuando ya llevamos casi dos semanas caminando en el desarrollo del Capítulo General de la Congregación, comienza para todos los cristianos el tiempo de cuaresma que nos acompañará prácticamente todo el tiempo previsto para las deliberaciones capitulares: ¿Qué salesianos para los jóvenes de hoy? Providencialmente, este tiempo de conversión puede ser una clave única desde la que tratar de responder a esta pregunta.

 

Es el tiempo del cambio. En realidad, todo momento es una oportunidad para darle la vuelta a las cosas. El inmovilismo nos esclerotiza y la acomodación nos hace miméticos e irrelevantes. Las personas necesitamos estar en permanente evolución, asumiendo dinámicas de constante crecimiento, desarrollando todas nuestras potencialidades para llegar a ser nosotros mismos, incidiendo en nuestro entorno para transformar la realidad y aportar al bien común.

 

Los grandes cambios vienen de dentro hacia fuera. Cambiamos las personas y solo así cambia el mundo a nuestro alrededor. También nuestras comunidades, nuestra inspectoría, nuestra Congregación. Jesucristo, el Señor, ha inaugurado un tiempo nuevo partiendo en dos la historia. El esfuerzo por caminar tras él no puede separarse del empeño cotidiano por hacer que las cosas, a nuestro alrededor, se parezcan más al proyecto del Reino. Por eso se nos invita en esta cuaresma a volver el rostro a Dios, a estar cerca de los que más sufren, abriendo cárceles injustas y partiendo el pan con quien menos tiene. No hay camino de conversión que no pase por abrir la puerta al hermano necesitado; no hay purificación del corazón sin acogida del que se siente solo o desamparado; no hay ayuno agradable a Dios si éste no ayuda a levantar los pesados fardos que oprimen a las personas.

 

Es tiempo de cambio, en fin, que reclama revitalizar y renovar nuestras instituciones y estructuras. Francisco no se arredra y sigue adelante con sus reformas en la Iglesia sin apartar la vista de la cruz liberadora de Jesucristo. La vida religiosa, invitada a mirar con esperanza el futuro desde la alegría profunda del evangelio, está fuertemente comprometida en la revitalización carismática y en el anuncio profético: ¡Despertad el mundo! Nos ha dicho el Papa a los consagrados.  

 

La Congregación Salesiana vive en estos días su 28 Capítulo General. Hay mucho en juego. Por delante, un nuevo modo de ser Iglesia y una vida consagrada más humilde, más evangélica, más identificada con su Señor; más creíble porque anclada en Dios, el único absoluto; más profética porque palpablemente fraterna y solidaria; más auténtica porque, inculturada y en diálogo, se hace signo luminoso del evangelio en el servicio a los jóvenes pobres.

 

¿Qué salesiano para los jóvenes de hoy? Todos podemos responder a esta pregunta. Tiempo de mudanza. Tiempo de novedad. Tiempo del Espíritu.

Saludos cordiales desde Turín.

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